La educación es importante y, con frecuencia, la gente da por sentada la educación que está a su disposición. Hay jóvenes en el mundo que no tienen las mismas oportunidades educativas. Todos los días, personas como Michelle Fidelia hacen su aporte como voluntarias para cambiar las cosas ofreciendo su tiempo y energía para ayudar a los estudiantes.

Michelle se unió al Cuerpo de Paz tras graduarse de la universidad. Ayudar a los demás, especialmente a los menos afortunados, fue algo que le inculcaron cuando era pequeña.

Mi padre es haitiano, mi madre es estadounidense, y desde que era pequeña, mis padres, mis tres hermanas y yo viajábamos a la isla de Haití, que limita con República Dominicana, para donar nuestras pelotas de fútbol y prendas de vestir y trabajar con la Operación Niño de la Navidad y dar lo que podíamos.

Su trabajo en el Cuerpo de Paz consistía en viajar a Los Ciruelos, Puerto Plata, en República Dominicana, para ayudar en una escuela local.

Aquí estoy en el sector de educación del Cuerpo de Paz en República Dominicana haciendo trabajo voluntario en una de las escuelas. De 8 a 17, de lunes a viernes, asisto a los maestros con consejos sobre distintas técnicas de enseñanza que pueden aplicar y ayudo a los niños. Construí una biblioteca.

La escuela está en una zona rural y desfavorecida, pero hay muchas opciones de trabajo en turismo, ya que estamos cerca de Puerto Plata. A los voluntarios del Cuerpo de Paz siempre los ubican en zonas rurales y desfavorecidas, solo que a mí me tocó estar cerca de algunos lugares hermosos del país.

 

Michelle nos contó más sobre la escuela y cómo fue la experiencia cuando empezó a trabajar de voluntaria.

Era extremadamente difícil ver la escuela, debo admitir.

El primer día, lloré cuando vi cómo eran las cosas y todo el trabajo que se tenía que hacer. Los niños jugaban como niños, sin disciplina, en el aula.

Cuando llegué a la escuela, tuve la suerte de usar un proyector y equipos que había entregado el Ministerio de Educación a la escuela para proyectar películas divertidas y educativas, y presentaciones en PowerPoint sobre distintos temas que los maestros querían que tratara yo (salud, enfermedades de transmisión sexual, los tres cerditos...).

 

Como INsider de Lenovo, Michelle también pudo ayudar a organizar los recursos de la escuela en la que trabajaba mediante la donación de dispositivos que ya no usaba.

Les encanta la tecnología y quieren aprender más. Estamos en una época en la que los niños saben más que los adultos sobre tecnología, y siempre piden buscar cosas en Google en las computadoras o buscar palabras que no entienden. En el recreo, les gusta ver videos en mi laptop. Les fascina ver el planeta Tierra, lo han visto miles de veces.

 

 

 

 

El trabajo de voluntario, en particular, en un país del tercer mundo, definitivamente te saca de tu zona de confort y te hace apreciar la vida que te tocó. Te abre la cabeza respecto de los privilegios que tienes y te permite entender mejor cómo vive la gente y que los Gobiernos mantienen a su gente en este ciclo de pobreza.

Me gusta estar fuera de mi zona de confort, porque sé que es un proceso de aprendizaje y nos sirve para crecer de una manera profunda que a otros no les gusta sentir. Mientras trabajo como voluntaria, siempre siento que obtengo más de la gente o los lugares que lo que doy, lo cual es egoísta, pero extremadamente cierto.

El amor y el afecto que he sentido en este país, con gente que tiene mucho menos de lo que tengo yo... Nunca lo olvidaré. Y espero servir más a esta gente cuando mi capacidad financiera me lo permita. El trabajo voluntario en este momento puede ser una tarea abrumadora, y sientes que no puedes hacer suficiente, pero, aunque suene a cliché, ayudar a una sola persona puede cambiar una vida y a toda una nación.

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